Lo bueno si breve…

Leyendo el estupendo libro de Unai Elorriaga “Un tranvía en SP” (editorial Alfaguara, 2004) me encuentro con la historia de una vida en unas seis líneas:

“Ya lo ha decidido mi padre: voy a ser abogado. Voy a estudiar en Madrid, en una pensión, y voy a tener buenas calificaciones. Después voy a poner un despacho allí mismo, en algún sitio céntrico, voy a trabajar hasta las nueve de la noche y voy a casarme enseguida. Voy a tener cuatro hijos, y un señor, de nombre Pedro, me llamará abuelo antes de que me dé cuenta de que tengo setenta y tres años”

brevedadY esto me lleva a pensar en la importancia de la brevedad y la capacidad de síntesis en la comunicación.

La brevedad es una característica bien valorada en todo comunicador (ya sea oral o escrito). Y no es fácil ser conciso, al contrario, saber condesar en pocas palabras implica un trabajo de síntesis y análisis para expresar lo esencial de las ideas.

Cuando no estamos seguros de habernos expresado correctamente, repetimos ideas para que quede claro. Y así damos longitud a un texto que seguro podría ser más corto. A veces, repetimos para dar un supuesto empaque y para parecer más literatos. O cuando tenemos poco que decir.

Lo breve requiere tiempo. Tiempo para descubrir lo sustancial, tiempo para darnos cuenta de lo superfluo, tiempo para encontrar las palabras precisas. Ya lo dijo el escritor estadounidense Mark Twain:

“Lamento haber escrito una carta tan larga. No tuve tiempo de hacerla más corta”.

 

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